Romances
Romances una gota de sangre de los griegos. Todo el fin lo corona,
y el viejo árbitro común, el tiempo,
pondrá término un dÃa.
ULISES En sus manos, pues, queda.
Sereno y valeroso Héctor, bienvenido;
después del general, os ruego que vengáis
a verme y festejar conmigo allá en mi tienda.
AQUILES Oh, no, señor Ulises, que os he de anticiparos.
Héctor, mi vista alimenté contemplándote ahora,
y con medida exacta, Héctor, te he leÃdo,
notando coyuntura a coyuntura.
HÉCTOR ¿Es este Aquiles?
AQUILES Aquiles soy.
HÉCTOR ErguÃos, os lo ruego; quiero veros.
AQUILES Contempla hasta saciarte.
HÉCTOR No, que ya he acabado?
AQUILES Bien breve eres. Mas yo segunda vez te miro,
tal si a comprarte fuera, miembro a miembro.
HÉCTOR Oh, como a libro de juego, quieres leerme todo;
pero hay más en mà de lo que tú comprendes.
¿Por qué con tu mirada asà me oprimes?
AQUILES Decidme, cielos, ¿por qué parte del cuerpo