Romances
Romances habré de destruirle? ¿Es aquí, ahí, allá? ¿Dónde,
por dar un nombre a la local herida,
y distinguir así la misma brecha, aquella
que vio salir el alma de Héctor? ¡Decid, cielos!
HÉCTOR Descrédito sería de los dioses, hombre vano,
responder tal pregunta. Yérguete nuevamente;
¿cazar mi vida crees cosa tan fácil,
como para marcar bonitamente ahora
dónde habrás de matarme?
AQUILES Sí, te digo.
HÉCTOR Aunque al decirlo un oráculo fueras,
no podría creerte. Guárdate en adelante,
porque ni aquí, ni ahí, ni allá, habré de herirte,
pues, por la fragua que forjó el yelmo de Marte,
te mataré por todos lados, sí, una vez y otra.
Y vos, prudentes griegos, perdonad tal bravata,
que su insolencia extrae necedad de mis labios;
pero yo igualaré mis palabras con hechos,
y si no, que yo nunca…
ÁYAX No os enojéis, primo.
Y vos, Aquiles, dejaos de amenazas,
hasta que os las deparen accidente o propósito.
Ya Héctor os dará quehacer a diario,
si ánimos tenéis. El consejo supremo