Romances
Romances VIUDA Así lo espero. Mirad, aquí viene una peregrina: sé que parará en mi casa. Allí se envían unas a otras. Le preguntaré: Dios os proteja, peregrina, ¿a dónde os dirigís?
HELENA A Santiago el Grande. Os suplico, ¿dónde se alojan los romeros?
VIUDA Aquí, en San Francisco, junto a la puerta.
HELENA ¿Es por aquí?
Suena una marcha militar,
lejos.
VIUDA Sí que lo es. Oíd, vienen por esta parte. Si queréis aguardar, santa peregrina, por lo menos hasta que pasen las tropas, os llevaré a donde os habéis de alojar: tanto más cuanto que creo que conozco a vuestra anfitriona tan bien como a mí misma.
HELENA ¿Sois vos misma?
VIUDA Si os parece bien, peregrina.
HELENA Os doy las gracias, y esperaré a cuando os parezca bien.
VIUDA ¿Habéis venido, me parece, de Francia?
HELENA Así es.
VIUDA Aquí veréis a un compatriota vuestro que ha hecho grandes hazañas.
HELENA ¿Cómo se llama, por favor?
DIANA El conde de Rosellón; ¿le conocéis?
HELENA Solo de oídas, por haber oído hablar muy noblemente de él: de cara no le conozco.