Romances
Romances ISABELLA Seréis, pues, el primero en dictar tal sentencia
y él, el primero en padecerla.
Oh, es excelente
poseer una fuerza gigantesca
pero tiránico como gigante usarla.
LUCIO Bien dicho.
ISABELLA Si pudieran los hombres arrojar grandes rayos
como lo hace Júpiter, el dios no estarÃa
jamás tranquilo: aun el más despreciable,
el más pequeño funcionario,
usarÃa su cielo para truenos
¡y nada más que truenos!
Cielo clemente,
tú hieres, con tu rayo sulfuroso y agudo
a la encina nudosa, a la que nada parte,
mucho más que al suave mirto.
Pero el hombre, orgulloso,
investido en pequeña y breve autoridad
(más ignorante de lo más seguro:
su esencia vÃtrea) como un mono enojado
realiza ante el cielo fantásticas piruetas
que hacen llorar a los ángeles
quienes, frente a nuestras penas,
reirÃan como mortales.