Romances
Romances ISABELLA Dios os proteja.
Salen ISABELLA, LUCIO y el PREBOSTE.
ÁNGELO ¡De ti, y aun de tu virtud!
¿Qué es esto? ¿Qué es esto? ¿Es falta suya o mía?
¿Quién peca más: tentador o tentado? ¡Ah!
No ella; ella no tienta. Soy yo mismo
quien, junto a la violeta, en pleno sol
hago lo que hace la carroña, no la flor:
corrompo el aire con especiada potencia.
¿Será posible que el candor
trastorne así los sentidos
más que la femenina ligereza?
Teniendo suficiente campo abierto
¿desearemos también arrasar el santuario
y arrojar las vilezas justo allí?
¡Ah, vergüenza, vergüenza!
¿Qué haces tú o qué eres, Ángelo?
¿La deseas tan locamente por aquello
que la hace virtuosa?
¡Que su hermano viva!
El ladrón tiene ahora permiso de robar
si el juez, él mismo roba. ¡Qué! ¿La amo, acaso,
que deseo escucharla una vez más
y regocijarme con sus ojos? ¿Con qué sueño?
¡Oh, astuto enemigo! ¡Para atrapar un santo