Romances
Romances Dentro del corazón, creciente y fuerte,
la concepción del mal. El estado, su estudio,
como un libro leído en exceso
se ha vuelto tedioso; mi gravedad,
de la cual (ojalá nadie escuche) me enorgullezco,
preferiría se cambiara
en pluma que el aire agita porque sí.
¡Oh, posición, oh, formas!
¡Cuán a menudo con vuestras vestimentas,
con las insignias de un cargo,
provocáis el temor en los tontos
y atáis las almas sabias
a la falsa apariencia! Sangre, eres siempre sangre.
Escribamos «buen ángel» en el cuerno del diablo:
no será su divisa.
Entra un SIRVIENTE.
¿Cómo, quién está ahí?
SIRVIENTE Una tal Isabella, una hermana,
desea veros.
ÁNGELO Haced que pase.
Sale el SIRVIENTE.
¡Oh, cielos!
¿Por qué mi sangre fluye al corazón
y así lo vuelve inútil por sí mismo
quitándole además a todo el cuerpo