Romances
Romances ISABELLA Te temo, Claudio. Tiemblo cuando pienso
que tal vez prefirieras una vida febril
o seis o siete inviernos respetaras
más que el perpetuo honor. ¿Sabrás morir?
Miedo es anticiparnos a la muerte
y el pobre escarabajo que pisamos
sufre del mismo modo por su cuerpo
que un gigante cuando muere.
CLAUDIO ¿Por qué me avergüenzas así?
¿Piensas acaso que mis decisiones
son floridas palabras? Si he de morir
tomaré a la tiniebla como novia,
y la estrecharé en mis brazos.
ISABELLA ¡Así habla mi hermano! ¡Y la voz de mi padre
desde su tumba, también se ha expresado!
Sí, debes morir, pues demasiado noble
eres para vivir en la bajeza.
Ese representante del duque, con aspecto de santo,
cuyo rostro y palabras tan compuestas
golpean y paralizan a los jóvenes
como hace el halcón con las aves domésticas,
es en verdad un demonio.
Su suciedad interior parecería
arrojada hacia afuera
tan hondo estanque como el mismo infierno.
CLAUDIO ¿El principesco Ángelo?