Romances
Romances ANTÍOCO Aquí, en este jardín de las Hespérides,
hay un fruto de oro, mas peligroso de tocar
(Señala las cabezas.) pues lo guardan mortíferos dragones.
(Señala a su hija.) Su rostro, como el cielo, incita a contemplar
su gloria infinita, que habréis de merecer.
Mas si no la merecierais, ya que han osado
tocarla vuestros ojos, seréis sacrificado.
Estos bravos príncipes también fueron famosos
y los rumores los volvieron codiciosos;
ahora os cuentan con sus lenguas mudas
que aquí reposan, insepultos, bajo estrellas,
mártires todos de Cupido y sus querellas,
y con sus rostros exangües os advierten
que en las redes del amor ronda la muerte.
PERICLES Mucho agradezco que me enseñéis, Antíoco,
lo frágiles que somos los mortales
y que mediante estos despojos tan brutales
me preparéis para morir, si cabe.
Pues la muerte es un espejo que refleja
que la vida es un suspiro y fiarse de ella
es un error. Haré mi testamento como hace
el enfermo del mundo que, al atisbar el cielo,
entristece y no busca ya el gozo terreno.