Romances
Romances (pues, como la copa del árbol, yo defiendo
y cubro las raíces que me dan sustento)
lo que preocupa y mina mi cuerpo y mi alma
y me castiga, antes de que Antíoco lo haga.
Entran HELICANO y otros NOBLES.
PRIMER NOBLE ¡Que reine la dicha en vuestro corazón sagrado!
SEGUNDO NOBLE ¡Y que en vuestro espíritu haya paz y sosiego
hasta que volváis junto a nosotros!
HELICANO Basta, señores, dejad hablar a la experiencia.
(A PERICLES.) Adular de más al rey no es adecuado.
La lisonja es el fuelle que insufla al pecado
y aquello que halagamos solo es ascua
que al soplar se recalienta y resplandece.
Puesto que el rey es humano y se equivoca,
una advertencia frugal, en cambio, nunca choca.
Cuando el Signior Sedoso habla de tregua
os halaga pero en verdad busca la guerra.
Perdonadme, príncipe, o dadme en las costillas:
me inclino cuanto pueden mis rodillas.
Se arrodilla.
PERICLES Que salgan todos menos vos. Averiguad cuanto antes
qué barcos atracan en el puerto