Romances
Romances dispuesto a administrar una poción que,
de ser vos el afectado, os haría temblar.
Escuchad con atención: fui a Antioquía
donde arriesgué, como sabéis, la vida
a cambio del favor de una belleza
con quien procrear y tener descendencia
que a mí me diera brazos, y al pueblo dicha.
Su rostro era un vergel de maravillas; lo demás,
oídme bien, negro como el incesto.
Pero al saber que yo sabía, el padre inicuo
no se mostró furioso sino amable. Mas cuando
un tirano besa, es hora de ir temblando.
Al acuciar este temor, busqué el amparo
de la noche que me fuera más propicia
para huir. Llegado aquí, reflexioné
sobre lo sucedido y lo aún por suceder.
Puesto que es un tirano, los temores de ese hombre
no menguan con los años: se vuelven mayores.
Si él sospechara, como no dudo que sospecha,
que yo pretendo poner al descubierto
el número de príncipes que han muerto
para salvaguardar su oscuro contubernio,
no dudará en alzar al país en armas
y en acusarme de haberlo desairado.
Y a causa de, por así llamarla, mi insolencia,
a todos la guerra, que ignora la inocencia,
flagelará. El amor a mi pueblo, del cual vos,