Romances
Romances de lo que en Tiro está pasando:
que un tal Thaliart vino a buscarlo
con intención de asesinarlo;
y le aconseja que no espere
en Tarso hasta que Thaliart llegue.
Pericles, pues, se hace a la mar
donde es despótico el azar:
de pronto el aire se encabrita
y truena, y la profundidad se agita,
y lejos de salvarlo, aciaga,
la nave en la que va, naufraga.
Todo se hunde: hombres y carga,
solo el buen príncipe se salva.
Pericles se ve condenado;
de costa en costa es trasegado
hasta que su suerte se altera
y el mar lo arroja a una ribera.
Entra PERICLES, empapado y semidesnudo.
Helo aquí. En cuanto al resto,
no incumbe a Gower sino al texto.
Rayos y truenos.
PERICLES ¡Cesad ya vuestra furia, coléricas estrellas!
Oh, truenos, lluvia, viento, no olvidéis que el hombre
es solo una sustancia que está a vuestra merced
y, por naturaleza, yo así lo estoy también.