Romances
Romances enemigas y las devorarán hasta el mástil.
Remedo de conquista llevó a cabo César,
no se jactó aquí de venir, ver y vencer.
Sintió su primera vergüenza cuando
por dos veces le rechazaron nuestras costas.
Sus barcos, torpes juguetes, como cáscaras
de huevo zozobraban en la mar terrible,
estrellándose contra las rocas. Y en señal
de regocijo Casibelo, quien en su día
¡mercenaria Fortuna! estuvo a punto
de doblegar la espada de César,
con fuegos festivos iluminó la ciudad de Lud
inflamando el valor de los britanos.
CLOTEN Vamos, no hay más tributo que pagar. Nuestro reino es ahora más fuerte que entonces, y ya dije que no hay césares como los de antes. Otros pueden tener narices aquilinas, pero ninguno brazos tan fuertes.
CIMBELINO Hijo, deja acabar a tu madre.
CLOTEN Todavía contamos entre los nuestros muchos de pulso tan firme como Casibelo. No digo que yo sea uno de ellos, pero sí que tengo manos. ¿Tributo por qué? ¿Por qué pagarlo? Si César fuese capaz de tapar el sol con una manta, si se metiese la luna en el bolsillo, le pagaríamos tributo para gozar de su luz. Si no es así, señor, no habrá tributo, sabedlo ya.
CIMBELINO (A LUCIO.) Debéis saber
que éramos libres hasta que Roma