Romances
Romances como una diosa rechaza asaltos
que no resistirían muchas virtudes.
Ah, mi amo, tu alma junto a la suya luce
tan pobre como tu fortuna. ¿Cómo? ¿Matarla yo?
¿Por los votos de fidelidad que a ti
me atan? ¿Yo? ¿A ella? ¿Su sangre?
Si eso es prestar un buen servicio,
no sea yo nunca servicial. ¿Cuál será
mi aspecto, si me cree tan bestial
y capaz de cumplir tal orden?
(Lee.) «Hazlo. Las órdenes contenidas
en la carta que le escribo te darán la ocasión.»
¡Papel maldito, negro como la tinta que te cubre!
Trampa insensata, ¿podrás ser cómplice
y parecer inocente? Aquí viene.
Entra IMOGENIA.
Fingiré ignorar la misión encomendada.
IMOGENIA ¿Qué hay, Pisanio?
PISANIO Señora, carta de mi señor.
IMOGENIA ¿De tu señor? ¡Del mío, de Leonato!
Muy sabio sería el astrólogo que conociese
las estrellas como yo su letra… El futuro
sería para él un libro abierto. Dioses clementes,
que la carta tenga el sabor de la salud
de mi esposo, de su cariño, de su alegría