Romances
Romances (no, eso no, que nuestra separación debe afligirle;
algunas penas son medicinas, y esta tristeza es tónico
del amor), en fin, de su alegría en todo lo demás.
Lacre dichoso, con tu permiso. ¡Benditas abejas,
que fabrican los sellos custodios de secretos!
No esperan lo mismo los amantes que quienes andan
en negocios turbios. Encarcelas a los criminales
y encierras las misivas de Cupido. ¡Dioses, buenas noticias!
(Abre la carta y la lee.)
«La justicia y la cólera de tu padre si me prendiese en su reino serían menos crueles que tú, la más gentil de las criaturas, si tus ojos se negasen a confortarme. Has de saber que estoy en Cambria, en el puerto de Milford. Haz lo que tu amor te aconseje. Así te desea toda felicidad quien permanece fiel a sus votos y es cada vez más tu rendido amante, Leonato Póstumo.»
¡Pronto, un caballo con alas!
¿Oyes, Pisanio? Está en el puerto
de Milford. Lee y dime qué distancia
nos separa de él. Si para tratar naderías
se tardase una semana en recorrerla,
¿no podré yo volando franquearla
en un día? Por eso, mi fiel Pisanio,