Romances
Romances por el cual se dilatan; como un arco, que copia
nuevamente la voz; o la puerta de acero
frente al sol, que lo recibe y luego vuelve
su figura y calor. Sumido en esto andaba,
y prontamente ahí he distinguido
al incógnito Áyax.
¡Oh, cielos, qué hombre es ese! Un corcel verdadero,
que ignora lo que tiene. Naturaleza, hay cosas
repulsivas de ver y preciosas de uso;
otras también, preciosas en estima
y pobres de valor. Mañana ya veremos,
en acto que el azar se lo depara,
el renombre de Áyax. ¡Oh, lo que unos hombres hacen
y lo que por hacer, en cambio, dejan otros!
Unos en la antesala de voluble fortuna
se pierden, y otros hacen el necio frente a ella;
un hombre se alimenta del orgullo de otro,
en tanto que por vano ayuna orgullo.
¡Esos guerreros griegos! Ya en el hombro
del bobo Áyax andan palmoteando,
como si el pie tuviese en el pecho de Héctor
y gritos diese la gran Troya.
AQUILES Así lo creo yo, porque ante mí pasaron
como avaro ante un pobre, sin que me dirigieran
palabra ni mirada. ¿Ya olvidaron mis hechos?