Romances
Romances Aquiles, es sabido que estáis enamorado
de una de las hijas de Príamo.
AQUILES ¡Ah! ¿Sabido?
ULISES ¿Es cosa de asombrarse?
La providencia, que vigila siempre,
conoce de Plutón cada grano de oro,
al abismo insondable fondo encuentra,
al pensamiento sigue y, casi tal los dioses,
desvela pensamientos en sus calladas cunas.
Cierto misterio hay (al cual las crónicas
nunca se atreven) en el alma del Estado,
cuyo funcionamiento es más divino
de lo que aliento o pluma decir pueden.
Todas las relaciones que tuvisteis con Troya
tan bien como vos mismo conocemos nosotros;
y sería en Aquiles mucho más apropiado
a Héctor derribar que a Polixena.
Dolerle debe al joven Pirro, ahora en su casa,
cuando la Fama suene su trompa en nuestras islas
y las doncellas griegas, entre sus danzas, canten:
«La hermana del gran Héctor es de Aquiles victoria,
mas nuestro gran Áyax a Héctor mismo derrota».
Pasadlo bien, señor. De amigo es mi consejo: