Romeo y Julieta
Romeo y Julieta JULIETA
El velo de la noche se extiende sobre mi rostro, tú lo sabes; si así no fuera, el virginal pudor coloraría mis mejillas al recuerdo de lo que me has oído decir esta noche. Con el alma quisiera guardar aun las apariencias; ansiosa, ansiosa negar lo que he dicho; ¡pero fuera ceremonias! ¿Me amas tú? Sé que vas a responder sí; y creeré en tu palabra. Mas no jures; podrías traicionar tu juramento: de los perjuros de los amantes, es voz que Júpiter se ríe. ¡Oh caro Romeo! Si me amas, decláralo lealmente; y si es que en tu sentir me he rendido con harta ligereza, pondré un rostro severo, mostrará crueldad y te diré no, para que me hagas la corte. En caso distinto, ni por el universo obraría así. Créeme, bello Montagüe, mi pasión es extrema y por esta razón te puedo aparecer de ligera conducta; pero fía en mí, hidalgo: más fiel me mostraré yo que esas que saben mejor afectar el disimulo. Yo hubiera sido más reservada, debo confesarlo, si tú no hubieras sorprendido, antes de que pudiera apercibirme, la apasionada confesión de mi amor. Perdóname, pues, y no imputes a ligereza de inclinación esta debilidad que así te ha descubierto la oscura noche.
ROMEO
Señora, juro por esa luna sagrada, que platea sin distinción las copas de estos frutales.
JULIETA