Sonetos
Sonetos Las ofrendas humildes de un poeta:
De manera que opté por el silencio,
Para que así, mostrándote, enseñaras
Hasta qué extremos las modernas plumas
Hablando de lo digno son indignas.
Tú viste un pecado en mi silencio
Y a él debo mi gloria, pues callado
No estorbé tu belleza, a la que otros
Sepultaron queriendo darle vida.
Más vida hay en uno de tus ojos
Que en las lisonjas de tus dos poetas.
84
¿Quién puede decir más sino quien diga
Que sólo tú eres tú, máximo elogio?
Pues sólo tú encierras la sustancia
Capaz de ilustrar tus perfecciones.
Cuán menesterosa es esa pluma
Que al asunto no presta alguna gloria,
Mas quien de ti escribe, con que diga
Qué sólo tú eres tú, ya lo ennoblece.
Bástale copiar lo que Natura
Escribió claramente, no enturbiarlo
Y tal imitación le dará fama
Y un estilo admirado por doquiera.