Sonetos
Sonetos En las grises mejillas del oriente
Ni la lúcida estrella vespertina
En el poniente y su serena gloria
Brillan cual tus ojos enlutados.
También tu corazón se digne entonces
Llorar por mí, si el luto te es propicio,
Compartan tu piedad todas tus partes,
Y juraré que la belleza es negra,
Y detestables los matices claros.
Maldito el corazón que me tortura
Con herida infligida doblemente,
Pues no contento con atormentarme
Esclavo de un esclavo hace a un amigo.
Con tu ojo cruel me trastornaste
Y luego me quitaste a quien me amaba,
De él, de mí y de ti soy despojado,
Y un triple padecer sufro tres veces
Enciérrame en la cárcel de tu pecho
Más suelta a quien tienes prisionero
Y deja que en mi pecho lo encarcele,
Que allí de tu rigor estará a salvo.
Aunque no lo estará: soy tu cautivo
Y cuanto hay en mí por fuerza es tuyo.
