Sueño de una noche de verano
Sueño de una noche de verano OBERÓN.—Una vez en posesión de ese jugo, acecharé el momento en que Titania esté dormida y verteré el lÃquido sobre sus ojos. La primera cosa que mire al despertar, ya sea un león, un oso, un lobo, un buey, un mico travieso o un afanoso orangután, le inspirará un amor irresistible, y antes que yo libre sus ojos de ese encanto, como puedo hacerlo por medio de otra hierba, le obligaré a que me entregue su paje. Pero ¿quién viene? Soy invisible y puedo escuchar su conversación.
(Entra DEMETRIO, y ELENA detrás de él).
DEMETRIO.—No te amo, es inútil que me persigas. ¿Dónde están Lisandro y la hermosa Hermia? Mataré al uno; la otra me mata a mÃ. Me dijiste que se habÃan refugiado ocultamente en este bosque, y heme aquÃ, como un loco, porque no puedo encontrarme con Hermia. Ea, vete de aquà y no me sigas más.
ELENA.—Vos me atraéis, imán de mi corazón empedernido; pero no es hierro lo que atraéis, pues mi corazón es más fino que el acero. Despojaos de ese poder y yo no tendré el de seguiros.
DEMETRIO.—¿Acaso os solicito? ¿Os hablo con dulzura? ¿O antes bien, no os digo en los términos más claros que no os amo ni puedo amaros?