Sueño de una noche de verano
Sueño de una noche de verano ELENA.—La más feroz no tiene un corazón como el vuestro. Huid adonde queráis; se habrán trocado los papeles de la historia. Apolo huye y Dafne[13] le da caza; la tórtola persigue al milano; la mansa cierva se apresura a atrapar al tigre. ¡Inútil prisa cuando es la cobardÃa quien persigue y el valor el que huye!
DEMETRIO.—No quiero discusiones contigo. Déjame ir, y si me persigues, ten por seguro que te haré algún mal en el bosque.
ELENA.—SÃ; en el templo, en la ciudad, en el campo, me hacéis mal. ¡Qué vergüenza, Demetrio! Vuestras ofensas tienen escandalizado a mi sexo. Nosotras no podemos combatir, como podrÃan los hombres, por amor. No fuimos hechas para conquistar, sino para ser conquistadas. Te seguiré, y haciendo de un infierno un cielo, moriré por la mano que amo tanto.
(Salen DEMETRIO y ELENA).
OBERÓN.—Ve con Dios, ninfa. Antes que abandone esta espesura, tú huirás de él y él buscará tu amor.
(Vuelve a entrar PUCK).
¿Tienes ahà la flor? Bienvenido, peregrino.
PUCK.—SÃ; hela aquÃ.