Sueño de una noche de verano
Sueño de una noche de verano OBERÓN.—Mejor ha salido esto que cuanto yo podÃa imaginar. Pero ¿has vertido ya el jugo de flor en los ojos del ateniense, como te lo encargué?
PUCK.—Lo atrapé dormido. Eso también está despachado. Como la mujer ateniense estaba a su lado, claro está que cuando él despierte tendrá que verla.
(Entran DEMETRIO y HERMIA).
OBERÓN.—Mantente cerca. Éste es el ateniense.
PUCK.—La mujer es la misma, pero no el hombre.
DEMETRIO.—¡Oh! ¿Por qué rechazáis a quien os ama tanto?
HERMIA.—Ahora no hago más que reprender, pero podrÃa tratarte con más severidad, pues recelo que me has dado motivo para maldecirte. Si has asesinado a Lisandro durante su sueño, llega de una vez hasta el fondo del crimen y mátame también. No es más fiel el sol al dÃa que Lisandro a mÃ. ¿HabrÃa huido él a ocultas de su Hermia dormida? Antes creerÃa que se puede abrir en la tierra un conducto para que la luna pase a través y vaya a perturbar la marea de las antÃpodas. No puede ser sino que tú lo has matado, y en verdad que un asesino deberÃa tener tu mismo aspecto homicida y sombrÃo.
DEMETRIO.—Mejor dirÃas que tengo el del moribundo traspasado de dolor; pero vos, que sois mi asesino, aparecéis tan clara y brillante como ese astro Venus en su fúlgida esfera.