Sueño de una noche de verano
Sueño de una noche de verano DEMETRIO.—No me dejaré burlar una vez más. Caro lo has de pagar si alguna vez alcanzo a verte a la luz del dÃa. Ahora ve a donde quieras. Ya la fatiga me fuerza a reclinarme aquà y esperar la luz del dÃa.
(Se acuesta DEMETRIO y duerme. Entra ELENA).
ELENA.—¡Oh penosa noche! ¡Noche larga y fastidiosa! ¡Acorta tus horas y deja brillar el consuelo en la luz de oriente, para que pueda yo volver a Atenas con el alba, separándome de la vecindad de los que aborrecen mi pobre compañÃa! ¡Oh, sueño! ¡Tú que algunas veces cierras de pesar los ojos, haz que por unos momentos me libre yo de mi propia compañÃa!
(Duerme ELENA).
PUCK.—¿No más que tres todavÃa? Dos de cada clase hacen cuatro. Aquà viene otra, triste y colérica. Cupido es un muchacho bien travieso, cuando asà hace enloquecer a las pobres mujeres.
(Entra HERMIA).
HERMIA.—¡Ah! Nunca he estado tan cansada ni tan triste; empapada de rocÃo, desgarrada por los espinos, ya no puedo arrastrarme más lejos y mis pies se niegan a mi deseo. Aquà me quedaré hasta que llegue el dÃa. ¡Qué los cielos guarden a Lisandro, si ha de haber duelo!
(Se acuesta HERMIA).