Sueño de una noche de verano
Sueño de una noche de verano TESEO.—Sin duda se levantaron de madrugada a observar el rito de mayo; y, oyendo nuestro intento, han venido atraÃdos por la solemnidad. Pero di, Egeo, ¿no es hoy el dÃa en que Hermia debÃa decidir sobre su elección?
EGEO.—SÃ, mi señor.
TESEO.—Di a los monteros que los despierten con sus cuernos.
(Suenan los cuernos y exclamaciones dentro).
Buenos dÃas, amigos. Ha pasado ya el dÃa de San ValentÃn. ¿Principian a ayuntarse ahora estos pájaros del bosque?
LISANDRO.—(Arrodillándose). Perdonadme, señor.
TESEO.—Te ruego que te levantes. Conozco que sois dos rivales enemigos. ¿Cómo sucede en este mundo tan extraña concordia y el odio se ha vuelto tan poco receloso que pueda dormir sin temor a la venganza?
LISANDRO.—Señor, responderé confuso, medio dormido y medio despierto; sin embargo, puedo jurar que no me es posible decir cómo vine aquÃ. Paréceme, pues quiero decir la verdad…, y ahora pienso que es asÃ…, que vine con Hermia. Nuestro propósito era partir de Atenas, a donde pudiésemos vivir sin el peligro de su ley.