Sueño de una noche de verano
Sueño de una noche de verano TESEO.—(Leyendo). «La batalla de los centauros, cantada por un eunuco acompañándose por el arpa». No querernos nada de eso. Ya lo he referido a mi amada en honor de mi pariente Hércules. «El motín de las Bacantes ebrias destrozando en su cólera al cantor de Tracia[21]». Ése es un tema manoseado y ya se exhibió la última vez que volví vencedor de Tebas. «Las nueve musas llorando la muerte del saber, que ha fallecido recientemente en la mendicidad[22]». Esto es una especie de sátira, acerada y punzante, que no se aviene bien con una ceremonia nupcial. «Breve y fastidiosa escena del joven Píramo y su amante Tisbe, sainete muy trágico». ¿Sainete y trágico? ¿Breve y fastidioso? Esto es hielo caliente y nieve de color. ¿Cómo se podrán atar estos cabos?
FILÓSTRATO.—Señor, es una representación que apenas pasará de una docena de palabras, lo cual es lo más breve que en punto a representaciones se puede dar. Sin embargo, tiene como doce palabras ociosas; lo cual la hace fastidiosa porque en toda la representación no hay palabra adecuada ni actor idóneo. Y es trágica además, señor, porque en ella se suicida Píramo. Confieso que cuando vi el ensayo me reí hasta que se me saltaron las lágrimas; y a fe que nunca se habrán derramado con más júbilo.
TESEO.—¿Quiénes representan esto?