Sueño de una noche de verano
Sueño de una noche de verano FILÓSTRATO.—Gentes rudas, trabajadores de Atenas que jamás ejercitaron la mente y ahora han sobrecargado su rústica memoria con este trozo en ocasión de vuestras bodas.
TESEO.—Y queremos oÃrlos.
FILÓSTRATO.—No, muy noble señor; no es cosa digna de vos. He oÃdo la obra y no es nada, no vale absolutamente nada; a menos que os divierta su intento y el sobrehumano esfuerzo y la crudelÃsima labor que se han echado a cuestas creyendo serviros.
TESEO.—Oiré esa representación; porque nada me parece mal cuando se inspira en la ingenuidad y en el deber. Id a traerlos. Sentaos, señoras.
(Sale FILÓSTRATO).
HIPÓLITA.—Duéleme ver fracasar a esos infelices en sus esfuerzos, y el celo sucumbir humillado.
TESEO.—¡Cómo, dulce amiga mÃa! No veréis tal cosa.
HIPÓLITA.—Dice que no son capaces de hacer nada aceptable en este género.