Sueño de una noche de verano

Sueño de una noche de verano

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TESEO.—Confieso haber oído referir esto mismo y me proponía a hablar sobre ello con Demetrio; pero agobiado por innumerables negocios, perdí de vista aquel intento. Sin embargo, venid, Egeo y Demetrio; debo comunicaros algunas instrucciones. Y en cuanto a vos, bella Hermia, haced el ánimo de acomodaros a la voluntad de vuestro padre; o, si no, a sufrir la ley de Atenas, que en manera alguna podemos atenuar, la cual os condena a la muerte o al voto de vida célibe. Ven, Hipólita mía, ¿qué regocijo idearemos, amor mío? Venid también Egeo y Demetrio; tengo que emplearos en lo relativo a mis nupcias y conferenciar con vosotros acerca de algo que de un modo más inmediato os concierne.

EGEO.—Por deber y por afecto os seguimos.

(Salen TESEO, HIPÓLITA, EGEO, DEMETRIO y el séquito).

LISANDRO.—¿Y bien, amor mío? ¿Por qué palidecen tanto tus mejillas? ¿Cómo es que sus rosas se decoloran tan pronto[3]?




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