Sueño de una noche de verano
Sueño de una noche de verano HERMIA.—Parece que por falta de lluvia; si bien podrÃa yo regarlas de sobra con la tormenta de mis ojos.
LISANDRO.—¡Ay de mÃ! Cuanto llegué a leer o a escuchar, ya fuese de historia o de romance, muestra que jamás el camino del verdadero amor se vio exento de borrascas. Unas veces nacen los obstáculos de la diversidad de las condiciones.
HERMIA.—¡Oh manantial de contradicciones y desgracias, el amor que sujeta al prÃncipe a los pies de la humilde pastora!
LISANDRO.—Otras veces está la desproporción en los años.
HERMIA.—Triste espectáculo ver el otoño unido a la primavera.
LISANDRO.—Otras, en fin, forzaron a la elección las ciegas cábalas de amigos imprudentes.
HERMIA.—¡Oh infierno! ¡Elegir amor por los ojos de otro!
LISANDRO.—O si cabÃa afecto en la elección, la guerra, la enfermedad, la muerte la asediaron; haciendo que el goce fuese momentáneo como el sonido, rápido como la sombra, breve como un corto sueño y fugaz como el relámpago que en la oscuridad de la noche ilumina cielo y tierra, y antes que el hombre tenga tiempo de decir «¡mira!», se ha perdido ya en el seno de las tinieblas: tan pronto las cosas brillantes se abisman en las sombras de la confusión.