Trabajos de amor perdidos
Trabajos de amor perdidos 
Entra LONGAVILLE, con un papel
BEROWNE.—(Aparte.) Bien; ¡he ahà venir un loco más, que se te asemeja!
LONGAVILLE.—(Aparte.) ¡Ay de mÃ! Soy perjuro.
BEROWNE.—(Aparte.) En efecto, se acerca llevando papeles como un perjuro[50].
REY.—(Aparte.) Se halla enamorado, espero. ¡Feliz compañero de oprobio!
BEROWNE.—(Aparte.) Un borracho ama a otro del mismo nombre.
LONGAVILLE.—(Aparte.) ¿Soy yo el primero que asà se ha hecho perjuro?
BEROWNE.—(Aparte.) En cuanto a eso, podrÃa tranquilizarte. Conozco a dos que te acompañan. Tú completas el triunvirato. Eres la piedra angular de nuestra compañÃa; una especie de Tyburn[51] del amor, donde se balancea nuestra necedad.
LONGAVILLE.—Temo que estas incorrectas lÃneas se hallen faltas de poder para conmoverla. ¡Oh, dulce MarÃa, emperatriz de mi amor! Rasgaré estos versos y te escribiré en prosa.
BEROWNE.—(Aparte.) ¡Oh! Esas rimas son los ribetes de las bragas del travieso Cupido. No descompongas sus flojos calzones[52].
LONGAVILLE.—He aquà cómo la abordaré. (Leyendo.)