Trabajos de amor perdidos
Trabajos de amor perdidos ¿No ha sido la retórica de tu febril mirada
la que incendió en perjurios mi corazón sediento?
Infiel por amor tuyo, la deserción me agrada,
si en homenaje admites mi roto juramento.
Por ti a un amor renuncio; mas ¿quién amar desea
no siendo de tus ojos el resplandor divino?
Su luz, celeste y pálida, destruye al par que crea.
Roto cayó a tus plantas el Ãdolo mezquino.
Bella mujer, que irradias insólita blancura,
sobre la tierra en que arde de amor el alma mÃa,
mi aliento es el perfume que acariciar procura,
humo de incienso, el mármol de tu hermosura frÃa.
¿Qué importan mis traiciones, si por traidor diviso
bañado en luz de gloria, tu dulce paraÃso?
BEROWNE.—(Aparte.) He aquà la obra del hÃgado[53], que hace de la carne una substancia divina y de una joven oca una deidad. ¡Pura, pura idolatrÃa! ¡Dios nos corrija! ¡Dios nos corrija! Desbarramos.
LONGAVILLE.—¿De quién me valdré para enviar esto?… ¡Gente! Ocultémonos. (Se esconde.)