Trabajos de amor perdidos
Trabajos de amor perdidos HOLOFERNES.—Señor, podemos representar ante la princesa Los nueve paladines. Maese Nataniel: se trata de nuestra cooperación en algún entremés a la moda, en cierto espectáculo que en la parte trasera de hoy ejecutaremos ante la princesa por orden del rey y de este apuesto, ilustrado y sapientÃsimo caballero. Yo digo que no hay nada tan a propósito como representar Los nueve paladines.
NATANIEL.—¿Dónde hallaréis intérpretes dignos de semejante representación?
HOLOFERNES.—Vos mismo haréis de Josué. Yo, o este galante hidalgo, de Judas Macabeo. Ese patán, en atención a sus largos miembros y junturas, personificará a Pompeyo el Grande. El paje se encargará de Hércules…
ARMADO.—Perdón, señor, os equivocáis. No tiene proporción bastante para el pulgar de ese paladÃn; ni es tan grueso como la extremidad de su clava.
HOLOFERNES.—¿Puedo ser oÃdo? Representará a Hércules en su minoridad. Sus enter y sus exit consistirán en estrangular a una serpiente, a cuyo fin compondré yo una apologÃa.
MOTH.—¡Excelente recurso! De este modo, si alguien del auditorio silba, podéis exclamar: «¡Bravo, Hércules! ¡Ahoga ahora a la serpiente!». He ahà el medio de hacer graciosa una ofensa, aunque tengan pocos la gracia de inventarla.