Cuentos goticos
Cuentos goticos —Despina, permitidme reflexionar sobre vuestras palabras; mañana os daré una respuesta. Os quedaréis en este palacio hasta la mañana, y entonces veréis y juzgaréis mi arrepentimiento y el regreso de mi fe.
Habló con estudiada suavidad. Despina no podÃa verle la cara, pues las luces brillaban a su espalda. Cuando levantó el rostro para responder, la pequeña estrella titiló justo encima de la cabeza de Lostendardo y dio la impresión de tranquilizarla con su débil fulgor. Nuestras mentes, cuando se encuentran abrumadas, son extrañamente propensas a la superstición, y Despina vivÃa en una era supersticiosa. Pensó que la estrella le pedÃa que cediera, y que le garantizaba protección del cielo… pues, ¿de qué otra parte podÃa, esperarla? Por ello contestó:
—Acepto. Sólo os pido que le hagáis saber al hombre que os entregó mi anillo que me encuentro a salvo, o temerá por mÃ.
—Haré lo que pedÃs.
—Y me confiaré a vuestro cuidado. No puedo, no me atrevo a temeros. Si me traicionarais, aún confÃo en los santos celestiales que protegen a la humanidad.