Cuentos goticos
Cuentos goticos Una plaga había caído sobre la casa de Suabia, y todas sus emperatrisas fueron aniquiladas. Amados por sus súbditos, nobles y con todas las ventajas que concede tener de tu lado el derecho, salvo los que concede la Iglesia, fueron derrotados en todos sus intentos por defenderse contra un extranjero y tirano que gobernaba por la fuerza de las armas sobre un extenso y agitado territorio. El joven e intrépido Corradino también estaba predestinado a morir en la contienda. Habiendo superado a las tropas de su adversario en Toscana, avanzó hacia su reino con las más altas esperanzas. Su archienemigo, el Papa Clemente IV, se había hecho fuerte en Viterbo, y estaba protegido por una numerosa guarnición. Corradino desfiló triunfal ante la ciudad y reunió con orgullo a sus tropas a la entrada, con el fin de mostrar ante el Santo Padre sus fuerzas y humillarlo con esa exhibición de éxito. Los cardenales, que contemplaban la vasta hilera de hombres y el orden con que se mantenía, se apresuraron a dirigirse al palacio papal. Clemente se encontraba rezando en su oratorio; los asustados monjes, con pálidos semblantes, le contaron cómo el hereje excomulgado se atrevía a amenazar la ciudad donde el Santo Padre residía, añadiendo que si el insulto proseguía hasta el pleno ataque, bien pudiera resultar peligroso. El Papa sonrió con desdén.
—No temáis —dijo—, los proyectos de esos hombres se disiparán como el humo.