Cuentos goticos
Cuentos goticos «Sólo pido», pensó, «vivir en los salones de mi padre, en el lugar conocido en mi infancia, para regar con mis frecuentes lágrimas las tumbas de aquellos a los que amé. Y aquí, en este bosque, donde fue mío semejante sueño de felicidad, celebrar para siempre las exequias de la Esperanza».
A su oído llegó un crujido entre las ramas y el corazón le palpitó con fuerza, y de nuevo reinó la quietud.
—¡Tonta! —musitó—. Engañada por tus propias fantasías apasionadas: pues aquí nos encontrábamos; porque sentada aquí esperaba mientras tales sonidos anunciaban su querida proximidad, de modo que cada conejo que se mueve y cada pájaro que despierta el silencio hablan de él. ¡Oh, Gaspar, tú que fuiste mío una vez, jamás harás que este amado lugar se alegre con tu presencia… nunca más!