Cuentos goticos
Cuentos goticos —¡No soy yo! —exclamó el joven—. Mirad, Constance, los dos somos los últimos de nuestra estirpe. La muerte nos ha tratado con crueldad, y estamos solos. No era asà cuando nos enamoramos… cuando padres, familiares, mi hermano y mi propia madre lanzaban maldiciones sobre la casa de Villeneuve; y, a pesar de todo, yo la bendije. Os vi, amada mÃa, y la bendije. El Dios de la paz plantó amor en nuestros corazones, y con el misterio y el secreto nos encontramos durante muchas noches de verano en los valles iluminados por la luna; y cuando brillaba la luz del dÃa, huÃamos a este dulce rincón para evitar los rayos del sol, y aquÃ, aquà mismo, donde ahora me arrodillo en súplica, los dos nos arrodillamos y pronunciamos nuestros juramentos. ¿Tendrán que romperse?
Constance lloró mientras su amado recordaba las imágenes de horas felices.