Cuentos goticos
Cuentos goticos —Nunca —dijo—. ¡Oh, nunca! Vos sabéis, o pronto sabréis, Gaspar, la fe y decisión de una mujer que no se atreve a ser vuestra. ¿Era para nosotros el hablar de amor y felicidad cuando a nuestro alrededor galopaba la guerra, el odio y la sangre? Las flores fugaces que nuestras manos jóvenes arrancaron fueron aplastadas por el terrible encuentro de enemigos mortales. A manos de vuestro padre murió el mÃo; y poco importa saber si la vuestra, como juró mi hermano y vos negáis, fue la que asestó el golpe que le aniquiló. Vos luchasteis con aquellos que le dieron la muerte. No digáis más… ni una palabra más: oÃros es un acto de impiedad hacia los inquietos muertos. Marchaos, Gaspar; olvidadme. Bajo el caballeresco y galante Enrique, vuestra carrera puede ser gloriosa, y muchas muchachas hermosas escucharán, tal como hice yo una vez, vuestros juramentos, y con ellos serán felices. ¡Adiós! ¡Que la Virgen os bendiga! En la celda de mi claustro no olvidaré la mejor lección cristiana: rogar por nuestros enemigos. ¡Gaspar, adiós!