Cuentos goticos
Cuentos goticos No existe un sentimiento más pavoroso que el que invade a un corazón humano débil dispuesto a gratificar los impulsos ingobernables en contradicción con los dictados de la conciencia. Se dice que los placeres prohibidos son los más complacientes: puede ser así con las naturalezas rudas, con aquellos que aman la lucha, el combate y la contienda, que encuentran felicidad en una refriega y gozo en el conflicto de la pasión. Pero más suave y dulce era el espíritu gentil de Constance, y el enfrentamiento entre el amor y el deber aplastaba y torturaba su pobre corazón. Entregar su conducta a la inspiración de la religión o, si así había que llamarlo, a la superstición, era un alivio bendito. Los mismos peligros que amenazaban su misión le daban sabor; arriesgar su vida por él era la felicidad. La misma dificultad del camino que conducía a la satisfacción de sus deseos, al mismo tiempo gratificaba su amor y alejaba sus pensamientos de la desesperanza. O si se decretaba que ella debía sacrificar todo, el riesgo del peligro y de la muerte carecía de importancia en comparación con la angustia que, entonces, para siempre sería parte de ella.