Cuentos goticos
Cuentos goticos Habló con dificultad, y volvió a caer sobre la almohada. No pude evitar preguntar:
—¿Cómo, reverendo maestro, puede una cura para el amor restaurar la vida?
Una débil sonrisa le iluminó la cara mientras escuchaba con atención su respuesta apenas inteligible.
—Una cura para el amor y para todas las cosas: el Elixir de la Inmortalidad. ¡Ah! ¡Si ahora pudiera beber, viviría para siempre!
Mientras hablaba, el líquido lanzó un destello dorado: una fragancia que recordaba perfectamente inundó la atmósfera. Cornelius se incorporó, débil como estaba —la fuerza pareció invadir milagrosamente su cuerpo—, alargó la mano… una explosión sonora me sobresaltó. ¡Una lengua de fuego salió disparada del elixir y el frasco de cristal que lo contenía quedó reducido a átomos! Giré los ojos hacia el filósofo; había vuelto a echarse: tenía los ojos vidriosos, las facciones rígidas… ¡estaba muerto!