Cuentos goticos
Cuentos goticos Estos pensamientos presagiaban unos sueños agradables, y quizá la condesa, una adepta en el saber del dios ciego, los estimuló con decisión. Pero mientras asà se hallaba ensimismada en las suaves emociones, Manon le cogió el brazo.
—Señora, mirad allà —gritó—. Ahà viene… aunque los remos no suenan. ¡Que la Virgen nos proteja! ¡Ojalá estuviéramos en casa!
Un bote oscuro pasó a su lado. Cuatro remeros, enfundados en capas negras, manejaban remos que, como dijera Manon, no provocaban ruido alguno; otro se hallaba sentado al timón, y como los demás, su persona se hallaba cubierta con una capa oscura, aunque sin capucha; y, a pesar de tener la cara vuelta, Constance reconoció a su amado.
—Gaspar —gritó en voz alta—, ¿estás vivo?
Pero la figura del bote no giró la cabeza ni contestó, y se perdió rápidamente en las sombrÃas aguas.
¡Cuánto cambió entonces la ensoñación de la hermosa condesa! El Cielo ya habÃa comenzado su encantamiento, y mientras esforzaba la vista a su alrededor vio formas no terrenales. Ora veÃa la barca que provocaba su terror y ora la perdÃa… y parecÃa que habÃa otro que contenÃa los espÃritus de los muertos: y su padre la saludó desde la orilla y sus hermanos la miraron con ceño fruncido.