Cuentos goticos
Cuentos goticos Bajo la escarpada colina, sobre la oscura corriente, otro observaba, alguien que abrigaba mil temores y apenas se atrevía a esperar. Su intención había sido preceder a la dama en su camino, pero cuando descubrió que se había quedado más tiempo del que tenía, con remos apagados y prisas sin aliento había pasado junto a la barca que llevaba a su Constance, sin siquiera volverse ante su voz por miedo de recibir su acusación y las órdenes para que regresara. La había visto emerger por el pasaje y temblado cuando se asomó por el risco. La vio dar un paso, vestida como estaba de blanco, y pudo distinguirla mientras se tumbaba en el reborde que sobresalía arriba. ¡Qué vigilia mantuvieron entonces los amantes! Ella entregada a pensamientos visionarios, él sabiendo —y ese conocimiento le estimuló el pecho con una extraña emoción— que el amor, el amor por él, la había conducido a ese lecho de peligro; y que mientras los peligros la rodeaban con todas las formas, ella vivía sólo para esa tenue voz que le susurraba a su corazón el sueño que iba a decidir sus destinos. Quizá dormía… mas él mantenía la vigilia y la guardia. Y así pasó la noche, ora rezando, ora ensimismado, alternando la esperanza y el miedo, sentado en su bote, con los ojos clavados en el atuendo blanco de la durmiente.