Cuentos goticos
Cuentos goticos Ludovico la observó con pena. Por primera vez desde la muerte de su madre los ojos se le llenaron de lágrimas, y su suavizado semblante irradió tierna simpatía. No dijo nada, pero no apartó la mirada mientras en su mente surgía el deseo de secar las lágrimas que caían de los velados ojos de la desafortunada muchacha. Así absorto, oyó pronunciar su nombre, y, arrojando en el regazo de la joven doliente las pocas monedas de oro que poseía, abandonó súbitamente la cabaña, uniéndose al criado que había ido a buscarle. A toda velocidad galopó hacia su hogar.
En el trayecto, a medida que las primeras emociones de piedad dejaban de palpitar en su cabeza, los sentimientos se mezclaron en un pensamiento absorbente y nuevo para él.