Cuentos goticos
Cuentos goticos —Te complaces en interpretarme mal —replicó con firmeza Ludovico—. Ya estoy casado. Hace dos años, cuando todavÃa era el Ludovico despreciado e insultado, establecà esta relación, y con orgullo le mostraré al mundo cómo, en todo menos en el nacimiento, mi esposa campesina es capaz de cumplir con los deberes de su distinguida posición.
Fernando estaba acostumbrado a dominarse. Se sintió como apuñalado por una daga, pero se detuvo hasta que le volvió la calma y la voz, y entonces dijo:
—¿Tienes un hijo?
—Un heredero, mi señor —contestó Ludovico, sonriendo, ya que la amabilidad de su padre le engañó—. Un niño hermoso y sano.
—¿Viven cerca de aqu�
—Puedo traerlos a Mondolfo en el transcurso de una hora. La cabaña se encuentra en el bosque, a unos quinientos metros al este del convento de Santa Chiara.
—Basta, Ludovico; has comunicado extrañas noticias, y debo considerarlas. Te veré de nuevo esta noche.