Cuentos goticos
Cuentos goticos —Yo soy el prÃncipe de Mondolfo —continuó Fernando—, padre del precipitado muchacho que ha establecido este estúpido e ilegal contrato. Cuando me enteré de él, mi plan no tardó en formarse, y ahora estoy a punto de ejecutarlo. Me habrÃa sido fácil realizarlo sin venir a verte, sin soportar la escena que, supongo, habré de tolerar; pero la benevolencia me ha indicado la lÃnea de conducta a adoptar, y espero no llegar a arrepentirme de ella.
Fernando se detuvo. Viola habÃa oÃdo poco de lo que habÃa dicho. Se hallaba concentrada en recuperar su destrozado espÃritu, en ordenarle a su corazón que se quedara quieto y en armarse con el orgullo y valor de la inocencia y la desvalidez. Cada palabra que pronunció le fue de ayuda, ya que le proporcionó tiempo para recuperarse. Cuando calló, ella sólo inclinó la cabeza.