Cuentos goticos
Cuentos goticos —¡No! —aulló el desdichado Ludovico—. No escucharé a su asesino. Pero… ¿está muerta? Me arrodillo, te llamo padre, apelo a tu salvaje corazón, cojo en paz esa mano que a menudo me abofeteó y que ahora ha asestado el golpe mortal… ¡Oh, dime!, ¿vive ella todavÃa?
Fernando aprovechó ese intervalo de paz para narrar lo sucedido. Contó la simple verdad; pero ¿podrÃa ser creÃda semejante historia? Despertó la cólera más terrible en el corazón del pobre Ludovico. No dudó de que Viola habÃa sido asesinada, y después de emitir todas las expresiones de desesperanza y odio, le dijo a su padre que buscara a su heredero entre los desechos de la tierra, pues pronto él se convertirÃa en uno. Con esas palabras abandonó a toda velocidad su presencia.