Cuentos goticos
Cuentos goticos Esa misma noche, Adalinda se retiró temprano a sus cámaras, despidiendo a los criados; luego, inquieta con una mezcla de temor y esperanza, abrió la puerta de cristal de la terraza, que daba a la cara colina encima de la corriente, cuyo tumultuoso descenso a menudo la ayudaba a dormir, aunque sus aguas se hallaban ocultas a la vista por las encinas que alzaban sus ramas superiores sobre el parapeto del balcón.