Cuentos goticos
Cuentos goticos Apoyando su mejilla contra la mano, pensó en los peligros que encontrarÃa su amado, en su propia soledad durante la espera en las cartas y en su retorno. Un crujido llamó su atención: ¿era la brisa entre las encinas? El viento no conseguÃa quitarle el velo, e incluso sus rizos, sujetos únicamente por su propia belleza, no se apartaron de sus mejillas. De nuevo los sonidos. La sangre invadió su corazón y le temblaron las extremidades. ¿Qué podrÃa ser? De repente, las ramas superiores del árbol más próximo se agitaron: se abrieron y la tenue luz de las estrellas mostró la silueta de un hombre entre ellas. Éste se preparó para saltar al muro de la terraza. SerÃa una maniobra peligrosa. Primero, la suave voz de su amado le pidió que no temiera nada, y al siguiente instante lo tuvo a su lado, calmando sus terrores y haciéndola recuperar el espÃritu que casi habÃa abandonado su delicado cuerpo con una mezcla de sorpresa, pavor y júbilo. Le rodeó la cintura con los brazos, y dejando escapar mil expresiones apasionadas de amor, ella se reclinó en su hombro y lloró por la agitación. Él le cubrió las manos de besos y la contempló con ardiente adoración.