Cuentos goticos
Cuentos goticos Con un repentino cambio de actitud, su visitante le instó con términos volubles e impetuosos a acceder. La única respuesta de Ferdinando fue pedir que le dejara solo. Varias veces una palabra estuvo a punto de salir incontrolada de sus labios, pero se contuvo. Sin embargo, no fue capaz de esconder su agitación cuando, como un argumento para hacerle ceder, el falso conde le aseguró que ya se había casado con Adalinda. Una amarga agonía sacudió el cuerpo de Ferdinando; no obstante, mantuvo el semblante sosegado e inalterada la resolución. Habiendo agotado toda amenaza y persuasión, su rival le dejó, sin haber conseguido el propósito por el que había ido a verle. A la mañana siguiente, con muchos otros —los desechos de la humanidad—, el conde Ferdinando Eboli fue conducido encadenado a las insalubres llanuras de Calabria para trabajar en los caminos.