Cuentos goticos
Cuentos goticos —¿Has ido a misa, Cincolo? —dijo, empezando la conversación con una pregunta bastante apartada de la cuestión que deseaba tratar. El hombre se encogió de hombros con incomodidad, pero no contestó—. Has llegado demasiado pronto para la cena —siguió Gegia—. ¿No saldrás de nuevo?
—¡No! —repuso Cincolo con un tono que mostraba su desinterés por ser interrogado.
Pero su misma impaciencia sólo sirvió para alimentar el espÃritu de discusión que fermentaba en el pecho de Gegia.
—No estás acostumbrado a pasar los dÃas de mayo junto a la chimenea —dijo ella. No obtuvo respuesta—. Bueno —continuó—, si no piensas hablar, ¡yo he empezado! —dando a entender que eso era únicamente el preludio—. Pero, por esa cara alargada que tienes, veo que hay algunas buenas noticias, y bendigo a la Virgen por ello, sean las que fueren. Vamos, si no eres demasiado terco, dime qué felices noticias te tienen tan abatido.
Cincolo permaneció en silencio durante un rato; luego, volviéndose a medias pero sin mirar a su mujer, replicó:
—¿Y si el viejo Marzio, el león, está muerto?
Gegia empalideció, pero una sonrisa que acechaba en la boca naturalmente alegre de su marido la tranquilizó.