El último hombre
El último hombre ¡Con gusto te cedo mi lugar, querido Alfred! Avanza, retoño del dulce amor, hijo de nuestras esperanzas. Avanza como un soldado por el camino por el que yo he sido tu pionero. Haré un lugar para ti. Yo ya he abandonado la inconsciencia de la infancia, la frente lisa, el gesto vivaz de los primeros años. Que todo ello te adorne a ti. Avanza, que yo he de desprenderme de más cosas en tu beneficio. El tiempo me robará las gracias de la madurez, me arrebatará el fuego de los ojos, la agilidad de los miembros; me privará de la mejor parte de la vida, de las impacientes expectativas, del amor apasionado, y lo derramará todo, doblemente, sobre tu hermosa cabeza. ¡Avanza! Haceos merecedores del regalo, tú y tus camaradas. Y en la obra que estáis a punto de representar, no deshonréis a aquéllos que os animaron a subir a escena, a pronunciar cabalmente los papeles que se os asignaron. Que tu progreso sea constante y seguro. Nacido en la corriente primaveral de las esperanzas humanas, que alcances un verano tras el que el invierno no llegue jamás.