El último hombre
El último hombre -No te costará creer que durante este prolongado avance de la peste he pensado con frecuencia en la muerte, y me he preguntado, ahora que toda la humanidad ha muerto para esta vida, a qué otra vida puede haber nacido. Hora tras hora he habitado en estos pensamientos y he tratado de formarme una conclusión racional sobre el misterio de un estado futuro. Qué espantapájaros sería la muerte si apartáramos meramente la sombra en la que ahora andamos y, adentrándonos en el cielo despejado del conocimiento y el amor, reviviéramos con los mismos compañeros, los mismos afectos, y alcanzáramos la culminación de nuestras esperanzas, dejando nuestros temores en la tumba, junto a nuestra vestimenta terrenal. ¡Ay! La misma sensación profunda que me hace estar segura de que no moriré del todo, me impide creer que vaya a vivir tan plenamente como lo hago ahora. Y a pesar de todo, Lionel, nunca, nunca, podré amar a otro. Por toda la eternidad desearé tu compañía y, como soy inocente del mal causado a otros, y como confío tanto como mi naturaleza mortal me lo permite, espero que el Gobernante del mundo nunca nos separe.